La idea que se tiene de la
literatura en la escuela ha ido cambiando a lo largo de la historia siendo
diferente su concepción dependiendo de las épocas. Se ha ido modificando la
forma y el contenido que se trabaja, pero de un modo u otro siempre ha estado
presente. Esto ha provocado que no se quieran conseguir los mismos objetivos
que se querían conseguir en un pasado y no se sabe exactamente cuál es la línea
que sigue la literatura infantil. Este es un aspecto que debe tenerse claro
para saber qué se debe trabajar, deben ser los docentes los encargados de
seleccionar la literatura que se va a trabajar en el aula, ya que son los más
adecuados porque tienen un mayor control sobre el tema, estableciendo una
orientación clara desde el principio y no redireccionándola según el momento.
En las obras de literatura
infantil que se han desarrollado a lo largo de los años no se han tenido en
cuenta los puntos de vista didácticos que tanta importancia han ganado en la
actualidad. En cambio, sí que tenían gran peso en los textos que se creaban
para que fuesen trabajados directamente por los niños. Únicamente se veía este
didactismo en las obras literarias dedicadas a ello o en libros con fines
cognoscitivos. El caso de las fábulas también podría incluirse entre estos
ejemplos, pero en la mayoría de los casos se utilizaban con el fin de expresar
sentimientos y aprender valores.
Actualmente, la literatura
infantil siempre se utiliza como elemento previo a una actividad didáctica y no
se tiene un control sobre la línea de literatura que se trabaja. Es difícil
establecer la línea que separa la literatura que sí que es infantil y dedicada
a este público de la que no lo es, en cambio, sí que se tiene claro que
literatura no es para el público infantil.
Para superar este problema se
deben establecer unos criterios para así crear una base de literatura a partir
de la cual se pueda añadir y modificar el resto. Dos aspectos que se tienen
claros es que sí que puede existir una literatura de adultos a la que la edad
infantil puede tener acceso, y que a partir de una edad en la que los niños son
más mayores pasarán de la literatura infantil a la juvenil. Haciendo uso de
estos criterios, los alumnos en el aula van a tener la suficiente cantidad de
obras literarias para trabajar y no van a ser necesarias las ediciones o
adaptaciones infantiles que se hacen de obras que son de adultos que en muchos
casos son incomprensibles para ellos, provocándoles reacciones adversas hacia
estas obras que podrían haber leído únicamente en la edad adulta.
Las antologías son ejemplos de
obras que cubren las necesidades de los niños y son utilizadas para el trabajo
de la dramatización, la narración de textos, ejercicios de expresión y
actividades lingüísticas. En cambio, las fábulas a pesar que también son
utilizadas para el trabajo con los pequeños se utilizan para transmitir las
ideas y valores que se propone el autor.
Después de leer este artículo de
Juan Cervera, considero que la línea que se ha de seguir para trabajar la
literatura infantil debe estar establecida desde un momento. Se debe saber qué
literatura infantil es la que se puede trabajar para así poder hacerlo de una
forma provechosa y que sea valorada por los alumnos de infantil y primaria. Además,
opino que las obras que no tengan esa parte didáctica, tan exigente en la
actualidad, pero que sí que puedan ir dirigidas para los pequeños, pueden ser
trabajadas y estar enfocadas como lectura previa o complementaria a actividades
puramente didácticas.

Publicar un comentario